jueves, 13 de marzo de 2008

Periodismo y literatura, ¿son excluyentes?

La frontera entre estos géneros siempre ha sido confusa. La literatura cuenta una historia, pero ¿acaso no cuenta el periodismo la historia que se escribe todos los días? Si la cuestión es de representar fielmente la realidad, ya bien lo comprobó Capote con A sangre fría; un escalofriante y verídico relato periodístico que poco o nada tiene que envidiarle a la ficción.


Dictando el profesor la clase de crónica mencionó a sus estudiantes que Ernest Hemingway escribía de pie. Cuesta imaginarse al novelista, de quien todo el mundo guarda una imagen perennemente vieja, de pie frente a un atril trazando la prosa de “El viejo y el mar”, pero dicen que esa era su costumbre. – “Debió ser algo que aprendió como periodista… con esa prisa que llevan” – añadió el profesor.

Hemingway, quien fue corresponsal de guerra en Madrid, ejerció el periodismo por más de cuarenta años. Si bien es reconocido como novelista, no hay que desdeñar el valor de sus trabajos periodísticos que lograban impactar no por la realidad terrible que describían sino por cómo lo hacían. La combinación de elementos literarios y la rigurosidad del relato periodístico hacían del trabajo de Hemingway algo único.

Truman Capote, fundador del non-fiction novel, conocía también esta formula única. Cuatro años de minuciosa investigación dan como resultado en 1966 “A sangre fría”, la novela que estremecería al mundo y plantearía nuevos parámetros para el periodismo. ¿Por qué acaso la literatura es demasiado para considerar el periodismo a su altura? Cada uno de ellos debería acoger lo mejor del otro.

A la lista se suman más y más nombres como Gay Talese y el recién fallecido Ryszard Kapuscinski, que con su prosa nos enseñan que literatura y periodismo no son excluyentes. Y ahí la crónica y el reportaje con un tinte literario enriquecen el deber de la verdad del periodismo y lo increíble que la realidad se vuelve cuando se toma el suficiente tiempo para describirlo.

Ante la intervención del ya mencionado profesor un alumno levantó la mano y preguntó si Hemingway había ganado económicamente más como novelista que como periodista. Sorprendido el profesor confesó no saberlo y otro alumno se apresuró a responder: -“Probablemente ganó más como novelista, pero no económicamente. Y el periodismo, ¿por qué? Bueno, hay que comer, ¿no?”.

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