jueves, 28 de febrero de 2008

Crónica e Internet

¿Cómo afectan los nuevos formatos la escritura de los géneros menores del periodismo? Escribir para Internet implica adaptarse a nuevas formas de producción; el tiempo apremia y los géneros que como la crónica se acercan a la literatura requieren una atención prolongada. Hay que preguntarse si la crónica tiene o no un espacio en Internet.

No hay tiempo para nada. Un usuario entra y sale de cualquier página de Internet en menos de un minuto. Si no encuentra algo que realmente llame su atención, abandona la página y es poco probable que vuelta a consultarla. Las noticias están a la orden del día. Para informarse los usuarios buscan las imágenes y titulares que no consuman mucho tiempo y que les proporcionen datos concretos.

Ahora, el periodismo no es sólo noticia. Si bien todos los géneros periodísticos parten de una coyuntura, lo importante no es qué se cuenta sino cómo se cuenta, y la crónica y el reportaje demandan de los lectores mayor atención y tiempo. Entonces, dentro de este torbellino informativo que gira a alta velocidad, ¿cómo se puede atrapar la atención de los lectores cuando se tratan estos géneros menores?

José Navia, redactor del diario nacional El Tiempo y reconocido cronista, fue recientemente galardonado con el premio Rey de España en periodismo digital. Este es un profesional que ha sabido abordar todos los formatos con éxito siempre desde la crónica. Además de texto, Navia hace crónicas en video, foto galerías y slideshows, todo producido para web.

Este periodista afirma que le gusta escribir crónica porque quiere contar la historia de quienes son su mayor inspiración: la gente. Frente a la pregunta de cómo debe enfrentarse la crónica a los formatos en la web Navia es contundente - “los géneros menores no mueren, evolucionan”- dice. Y añade que se debe ser inteligente y combinar todas las posibilidades multimedia que ofrece la web para enriquecer el relato.

Para Navia todos los géneros tienen cabida en Internet. Así entonces la crónica debe reinventarse en cuanto a formato y llamar la atención de los usuarios. Hay que combinar escritura de calidad con elementos multimedia. El factor de extensión no entra para este periodista en consideración, ya que según afirma, un lector que quiera leer crónica está predispuesto a la atención y el tiempo que ésta requiere.

En el blog que Navia tiene en El Tiempo.com es una muestra de esto. Si bien hay crónicas cortas enriquecidas con imágenes, también hay relatos de cuatro pantallazos que incluyen un video y el espacio para la opinión de los usuarios.

La crónica tiene un espacio en Internet, eso es definitivo, y ante su transformación hay que estar preparados para potenciar lo intenso del relato con las posibilidades que ofrece la web.

jueves, 21 de febrero de 2008

Historias mínimas: crónicas de una ciudad


En la esquina de la carrera 15 con 76 Nicolás le hace la parada a una buseta. Como es usual un viernes a las cinco de la tarde en Bogotá el vehículo no podría estar más lleno. Mala suerte la de Nicolás que lleva prisa; trabaja como mesero en un bar en Suba y tiene que llegar antes de las seis. De mala gana se saca del bolsillo los $1.200 pesos que cuesta el pasaje y por una ventanilla se los pasa al conductor.


Mala suerte la de Rodrigo, el conductor, que ve que la aguja del combustible anuncia que el tanque está vacío. Mientras recibe el dinero piensa en los títulos de la Universidad Javeriana de arquitecto e ingeniero civil que cuelgan de una pared de su casa; después de 10 años de graduarse sólo han servido para adornar la sala. Aprovechando el semáforo en rojo compra un cigarrillo por la ventanilla y deja caer, sin darse cuenta, $5000 pesos a la calle.


Buena suerte la de Marta, que tras entregar el cigarrillo al conductor descubre el billete en el piso y lo recoge. Ahora tiene $5000 pesos más, justo lo que le hacía falta para ir esta noche a visitar a Nicolás, que justo en ese momento debe estar camino al trabajo.




Todo el mundo tiene una historia que contar.





En los buses, en las calles y en los cafés ocurren los eventos más sorprendentes frente a los ojos desprevenidos de la ciudad. Historias mínimas de la gente que habita Bogotá, la misma gente que hace la historia, esa que se escribe todos los días.

Estas son crónicas urbanas, de los personajes más sencillos y fascinantes que habitan cada rincón de la ciudad, historias que en el afán de la rutina pasamos por alto. Apuesto que usted también tiene algo que contar…