jueves, 21 de febrero de 2008

Historias mínimas: crónicas de una ciudad


En la esquina de la carrera 15 con 76 Nicolás le hace la parada a una buseta. Como es usual un viernes a las cinco de la tarde en Bogotá el vehículo no podría estar más lleno. Mala suerte la de Nicolás que lleva prisa; trabaja como mesero en un bar en Suba y tiene que llegar antes de las seis. De mala gana se saca del bolsillo los $1.200 pesos que cuesta el pasaje y por una ventanilla se los pasa al conductor.


Mala suerte la de Rodrigo, el conductor, que ve que la aguja del combustible anuncia que el tanque está vacío. Mientras recibe el dinero piensa en los títulos de la Universidad Javeriana de arquitecto e ingeniero civil que cuelgan de una pared de su casa; después de 10 años de graduarse sólo han servido para adornar la sala. Aprovechando el semáforo en rojo compra un cigarrillo por la ventanilla y deja caer, sin darse cuenta, $5000 pesos a la calle.


Buena suerte la de Marta, que tras entregar el cigarrillo al conductor descubre el billete en el piso y lo recoge. Ahora tiene $5000 pesos más, justo lo que le hacía falta para ir esta noche a visitar a Nicolás, que justo en ese momento debe estar camino al trabajo.




Todo el mundo tiene una historia que contar.





En los buses, en las calles y en los cafés ocurren los eventos más sorprendentes frente a los ojos desprevenidos de la ciudad. Historias mínimas de la gente que habita Bogotá, la misma gente que hace la historia, esa que se escribe todos los días.

Estas son crónicas urbanas, de los personajes más sencillos y fascinantes que habitan cada rincón de la ciudad, historias que en el afán de la rutina pasamos por alto. Apuesto que usted también tiene algo que contar…

1 comentario:

Alejo dijo...

Hola Paula. Interesante entrada, aunque no me queda claro si al final haces una invitación a los lectores para que te cuenten sus historias o si estás diciendo que vas a escribir ese tipo de crónicas en este blog. Por lo pronto, en la próxima clase seguiremos actualizando las vitácoras, para lo cual te pido que realices una entrevista corta a un cronista, sobre cómo Internet ha cambiado el trabajo de escribir historias. Esta será para el primer taller calificable. Un abrazo, Alejandro